martes, 30 de noviembre de 2010

La hipocresía imperial al descubierto, gran aporte de Wikileaks al mundo

- Wikileaks noquea a la diplomacia de EEUU al ventilar sus vergüenzas

- Una orden firmada por Hillary Clinton solicitaba información para espiar a altos cargos de la ONU

- La publicación masiva de documentos airea la comunicación entre Washington y sus embajadas


Lunes, 29 de noviembre del 2010
IDOYA NOAIN / Nueva York

Franco Frattini, ministro de Asuntos Exteriores italiano, dio ayer con la mejor definición de la última filtración de Wikileaks. «Esto será el 11-S de la diplomacia mundial», avanzó. Poco después, cuando los cinco medios internacionales elegidos por la web fundada por Julian Assange empezaron a hacer públicos cientos de miles de documentos que recogen las comunicaciones entre el Departamento de Estado en Washington y 270 de las embajadas y consulados estadounidenses alrededor del mundo, el augurio de Frattini se hizo realidad.

Assange, que había sacado los colores a Washington y a gobiernos de todo el mundo al hacer públicos en julio y octubre cientos de miles de documentos clasificados sobre las guerras de Irak y Afganistán, ha asestado ahora a la diplomacia estadounidense un golpe de consecuencias por el momento incalculables.Espionaje en las Naciones Unidas (prohibido por varios tratados internacionales), recelos entre líderes mundiales, y coloristas y a veces críticas descripciones, dependencia de fuentes extranjeras, implicación hasta ahora negada en conflictos como el golpe de Estado en Honduras, presiones nada subrepticias para lograr que otros países aceptaran presos de Guantánamo… Todo lo confirman los documentos, que, como escribía ayer Evgeny Morozov, autor de un libro de próxima aparición sobre la libertad en internet, es el equivalente «a forzar a todo el Gobierno de EEUU a pasar por un escáner de cuerpo entero» como los que han desatado la polémica en los aeropuertos.

CONDENA

La Casa Blanca emitió ayer un comunicado condenando «en los términos más contundentes» la filtración, que el portavoz, Robert
Gibbs, calificó de «acción temeraria y peligrosa». Como ha venido haciendo la Administración de Obama desde que comenzaron las revelaciones de Wikileaks este verano, se recordó que los documentos se han obtenido de forma ilegal. Si en ocasiones anteriores se alertó de los riesgos para la seguridad nacional y de los aliados, ayer se insistió en que al hacer públicos los denominados «cables» se está poniendo en peligro a «diplomáticos, profesionales del espionaje y gente de todo el mundo que apela a EEUU buscando ayuda en la promoción de la democracia».

Gibbs explicó también que los informes que embajadas y consulados envían al Departamento de Estado suelen contener un «lenguaje franco y a menudo información incompleta». Sus explicaciones más que posiblemente no amortiguarán el impacto de los documentos, entre los que se incluyen varios centenares enviados entre 1966 y 1990, aunque más de la mitad se escribieron entre el 2007 y febrero de este año. Porque más allá de dejar en evidencia la complejidad y los entresijos de la diplomacia, Washington va a tener que dar muchas explicaciones por hechos graves como la disolución de la frontera entre la diplomacia y el espionaje puro en la ONU.

INFORMACIÓN BIOMÉTRICA

Una directiva clasificada de julio del 2009 y firmada por la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton, solicitaba detalles técnicos sobre los sistemas de comunicación usados por altos cargos de la ONU, incluyendo contraseñas y claves. Asimismo, la directiva pedía información biométrica detallada de mandos clave.

Además, se ordenaba buscar información sobre «el estilo de gestión y de adopción de decisiones de Ban Ki-moon y su influencia en el Secretariado».

La directiva se envió a las misiones de EEUU ante la ONU y sus agencias en Nueva York, Viena y Roma y a 33 embajadas y consulados e incluía la petición de «números de tarjetas de crédito, direcciones de correo electrónico, teléfonos y faxes y hasta los números de viajero frecuente» de representantes de los otros cuatro miembros permanentes en el Consejo de Seguridad: China, Rusia, Francia y Reino Unido.


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